martes, 2 de septiembre de 2008

Usuarios transparentes: Los peligros de la era de la información


La vulneración de la privacidad de los internautas es ya un tema casi viejo. Y aunque las agencias de protección de datos (en España y en el resto del mundo) y las innumerables asociaciones de consumidores intentan poner fin a esta situación, son muchos los frentes abiertos.

A esto se suman el desinterés o el mutismo del resto de los organismos competentes y el poder de las empresas.

Un millón de datos bancarios de usuarios británicos en un PC subastado en eBayOtro caso que ha saltado a la palestra informativa recientemente es el del ingeniero británico que compró un PC por eBay con un millón de datos bancarios de desprotegidos ciudadanos. Suerte que el comprador, Andrew Chapman, honradamente ha hecho público el suceso y la negligencia de la banca inglesa. Si no, hubiese disfrutado de un material muy codiciado en el mercado negro por el módico precio de 50 dólares.

Cuidado con las redes sociales
Las bases de datos son un bien tan preciado para empresas y delincuentes, y se pagan tan bien que nadie está exento de caer en la tentación. Unido a la preocupación de los usuarios sobre cuánta intromisión supone la publicidad segmentada en su intimidad y el uso qué los anunciantes están haciendo de sus perfiles para bombardearles de banners teóricamente interesantes, Facebook fue protagonista de un desagradable suceso.

La red social, que ya había sido denunciada por algunos de sus usuarios por informarles de las compras de sus contactos, se encontró con un usuario más peligroso que la propia red: Andrew Baron. Este neoyorquino decidió lucrarse a costa de los datos de sus 1.500 amigos online. Los subastó en eBay y consiguió 2.500 dólares.

La AEPD refuerza la protección
La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) endureció las condiciones del uso de datos a comienzos de 2008, para evitar el mercadeo e impedir su tráfico ilícito. Casi nadie lee la letra pequeña en términos de suscripciones online, así que en principio la gente firma, sin reparar en que existe una cláusula en la que la compañía indica si pretende hacer uso comercial de sus datos.

La AEPD pretendía con su normativa proteger a los consumidores. Así que decidió exigir en esa cláusula, que nadie lee, especificar todas las acciones que fuese a realizar con dichos datos. La campaña mediática por su parte, también sirvió para que los usuarios, en general despreocupados, tomasen conciencia del problema.

La cólera de la FECEMD no se hizo esperar demasiado, así como la decepción del resto de los agentes del sector. La Federación Española de Comercio Electrónico y Marketing Directo juzgó la medida de ambigua en relación a las condiciones de su puesta en práctica. Manifestó la inquietud de los anunciantes sobre la legalidad del uso de las book lists. Estas bases de datos de alquiler son gestionadas por empresas especializadas en esta lucrativa fuente de ingresos y suponen uno de los pilares básicos del marketing directo. La asociación veía peligrar el negocio.

Pero como casi siempre: mucho ruido y pocas nueces. Un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación sobre el cumplimiento de la normativa impuesta en la PYMES constata su inefectividad. Tal y como señalaba El País, de los tres millones de PYMES existentes en España, un 80% posee una base con información sobre clientes, proveedores y empleados: sólo un cuarto ha adaptado sus bases al reglamento. La propia AEPD reconocía a principios de mayo que sólo la había adoptado un 12% de las mismas.

Así que después de la tormenta vino la calma, pero la polémica podría reabrirse ante la ley que el gobierno prepara para poner freno al spam telefónico. FECEMD todavía no ha respondido a este medio respecto a lo que podría suponer el jaque mate del telemarketing. Y este trae consigo la siguiente pregunta: "¿De dónde saca esta empresa que yo ni conozco mi nombre, mi teléfono y quién sabe qué más?". Esta pregunta es una de las más frecuentes entre los usuarios que denuncian esta clase de llamadas a las asociaciones de consumidores. Y en ellas se implicita la falta de escrúpulos de muchas compañías que han obviado la legislación.

Fuente: MarketingDirecto.com